ENTREVISTA A FERNANDO BOGADO (SAN MARTÍN, BUENOS AIRES)

¿Por qué elegiste la poesía para expresarte?

fer bogadoMe parece que, más que elegidos, los géneros (los grandes géneros, los tradicionales) son impuestos. ¿Impuesto por qué? Por la obra, que en alguna medida fuerza el trabajo poético, el trabajo literario, en general, y obliga a una forma que muchas veces no es la estrictamente elegida por el que escribe. Siempre consideré al estilo más una deficiencia que una virtud: el estilo es un “no puedo escribir esto de otra manera”, un límite, y, en tanto límite, orienta la elección de los géneros considerados tradicionalmente como los mayores (lírico, narrativo y dramático). Inclusive los cruces, las mezclas, dependen de esta imposición presente antes de la obra: una proto-obra, una obra fantasma que habla más allá de toda lengua terminada.

“Hay que escribir en contra del público”

¿Cuáles son las fuentes con que alimentás tus poemas?

Las fuentes siempre suelen ser varias, pero estrictamente lo que me impulsa a escribir un poema es una frase extraída directamente del contexto, de lo extra-poético. Para decirlo rápidamente, hay algo de la lengua que emerge en los momentos menos pensados y que forman parte de la vida prosaica, que están ahí, y que me cautivan apenas escuchado. Eso, esa frase, forma el núcleo duro del poema, todos lo demás es un poco una suerte de “relleno” que empuja el poema hacia esa frase sacada de esa lengua extra-estética, una suerte de modulación de la fuerza del poema hacia ese golpe explosivo. Por eso siempre digo que el poema, si no se maneja bien, puede caer en la operatividad de otros géneros, como el chiste o el relato con remate (como, a veces, pasa en el stand-up). Varios poetas contemporáneos caen en eso por enfocarse demasiado en esa frase que cierra todo y que, muchas veces, levanta al público, genera ese momento de empatía. Hay que ser prudente, a mi juicio; digo, a veces, hay que escribir en contra del público.

¿Tu poesía se basa en lo cotidiano y/o los mundos interiores?

No hay una división estricta entre un extremo y el otro. Lo que se llama irreflexivamente “lo cotidiano” está ya preformado por un punto de vista ideológico que, a su vez, es parte también de nuestro punto de vista, nuestra manera de ver el mundo. Lo que yo busco es el agujero de ballena que sigue respirando más allá del mundo, de los puntos de vista, de mis puntos de vista. Pero eso es de difícil formulación: es más un efecto del poema, el efecto estético, el shock.

“Se puede “decir” cualquier cosa pero no “escribir” cualquier cosa”

Dicho esto, mi poesía cae mucho en temas que tienen que ver con mi vida en el barrio de Villa Lynch, en San Martín, pero porque ese es el mundo cotidiano que conozco y que busco agujerear. No soy chauvinista, no creo en la estética barrial en sí misma, no creo en lo absolutamente metafísico desprendido de toda referencia inmediata… Busco ese punto donde los dos se desarman y se vuelcan uno en el otro.

¿Qué rasgos la caracterizan?

Siempre estoy escribiendo en contra de mí mismo (ya dije lo del público, pero insisto: escribir es un acto absolutamente solitario, negativo, una gran lucha ciega contra la nada). Lo que hago es un gran ejercicio por captar la diferencia: lo que queda como resabio de esa lucha es el estilo, es la insistencia que se puede leer entre libro y libro, entre poema y poema.

¿Qué poetas nacionales y extranjeros son de tu preferencia? ¿En qué sentís que te han influenciado o qué aprendiste de ellos/as?

Hay varios poetas que me han influenciado, todos ellos a partir de dos espacios que por momentos se solapan, por momentos no: la facultad de Letras y la movida poética independiente de la que formo parte desde 2006, con la FLIA, la autoedición de libros, la participación en recitales y eventos, etc. A Héctor Viel Temperley lo leí en la facultad, y libros como Hospital británico dejaron en mí una impronta irrenunciable. Ahí también me metí mucho en la lectura de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik (también presentada por mi primera novia), etc.

“Siempre estoy escribiendo en contra de mí mismo”

Después, a partir de participar de este circuito de poesía independiente, conocí a muchos poetas que me marcaron terriblemente. El primero de ellos es Vicente Luy, a quien conocí en la época en que formaba parte de la editorial CILC y que incluso edité junto con mis otrora compañeros en un libro que se llama Poesía popular argentina. Otros poetas han sido Hernán y Osvaldo Vigna, digamos, Los Verbonautas (y cuento en la lista a Palo Pandolfo y su música, claro).

La otra gran influencia son los poetas de mi generación, los que escriben ahora: Mariana Bugallo, Sebastián Goyeneche, Gabriela Clara Pignataro, Juan Moretti, Inés Rando, Lautaro Collauti, etc.

¿Cómo ves al movimiento poético actualmente en tu ciudad?

 En Buenos Aires siempre está la misma sensación de que el movimiento actual es inédito y de que, al mismo tiempo, siempre hubo un “movimiento actual inédito”, por lo que me parece que es en realidad el impulso juvenil que muchas veces no se encuentra con la tradición que sigue operando desde atrás. Sea de una manera u otra, lo que existe en Buenos Aires con respecto al movimiento de poesía es algo que no tiene comparación, al menos, considerando otras ciudades a las que he tenido la suerte de llegar y de ver qué pasaba allí con la poesía. Hay muchos autores jóvenes que entusiasman, hay muchos autores que vienen escribiendo desde hace tiempo que hacen algo genial, que siguen produciendo, hay mucho para leer, hay mucho para conocer… Es realmente algo que produce un digno entusiasmo.

¿Qué opinión te merece lo que proponía el poeta Osvaldo Lamborghini: “Primero publicar, después escribir”?

Coincido plenamente con la frase: me parece que mostrar lo que se está produciendo es una forma de darle un cierre, de poder avanzar. Ahora, siempre hay que hacerlo con cierta prudencia: conozco muchos poetas que, en el afán de mostrar, hacen cosas un tanto endebles. En el caso de la poesía oral, hay muchas cosas que rayan con el stand-up o con una forma abusiva de terapia psicoanalítica “en vivo”. Lo que hay que destacar siempre es que la poesía, la literatura, es un género que se trabaja a fuerza de escritura, muchas veces, de soledad, y eso es algo que hay que tener en cuenta, siempre. Lo de publicar me parece más noble en ese sentido: exige una formalización que muchas veces el recurso oral no tiene: siempre está la sensación de que se puede “decir” cualquier cosa pero no “escribir” cualquier cosa, lo cual es algo que me parece que hay que tener en cuenta. En última instancia, lo importante siempre es la forma: todos tenemos algo para decir, pero encontrar la modulación formal adecuada, eso es lo que necesita esfuerzo.

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bogado_fernando(Buenos Aires, 1984) Escritor. Publicó los libros de poesía La paz desnuda (2007), Patria (2009) y Jazmín Paraguayo (2014). Fue co-editor de la editorial CILC y es el actual editor de Punto Muerto. Organiza desde 2011 el ciclo mensual de poesía y música Tercer Jueves junto con Gabo y Oscar Cuman. Profesor en la cátedra de Teoría y Análisis Literario “C” (UBA), y en escuelas de enseñanza Media. Periodista: colabora regularmente en Radar de Página 12, Le Monde Diplomatique y Acción. Produce la columna de libros de “Todo tiene un límite” (FM Blue 100.7) y es guionista del programa “Infernet” (FM La Tribu 88.7). Está terminando su primera novela, Cotorritas. Web: www.fernandobogado.com

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