ENTREVISTA A SANTIAGO HERNÁNDEZ APARICIO (SALTA)

        santiago hernandez aparicio                                       ¿Por qué elegiste la poesía para expresarte?

No creo haber experimentado al principio una encrucijada genérica  donde mi libre albedrío sopesara las posibilidades expresivas de poesía, narrativa, teatro, etc.  y eligiera, pero sí hubo factores, circunstancias en mi vida infantil y posterior que me habituaron a la poesía y me llevaron a vivirla como destino en los momentos específicos de escritura que, claro, no se limitan al acto motriz de la mano escribiendo, sino que conllevan toda una atmósfera de necesidad que impulsa el poema. Desconozco  si lo que habla en él es mi deseo personal  o algo que me excede,  como los fantasmas de una época  o voces que llaman desde las cosas, al modo simbolista, pero sí creo que la poesía tiene que ver con lo inquietante de la experiencia humana, con márgenes excluidos de otros discursos, con particularidades que no se pueden sobornar con el tejido conceptual del lenguaje, por más que históricamente ella se haya ligado profundamente a retóricas, filosofías, didácticas, clases sociales, formalismos, racionalismos e irracionalismos. El extrañamiento del lenguaje ante un algo extraño con lo que tramita, ese testimonio asombrado, es compartido por las articulaciones individualistas y colectivas de los poemas. Ahora, el tipo de poesía que escribo sí se puede asociar con mi herencia cultural, con los libros en mi infancia, con cierto miedo y solemnidad a través de los cuales me relaciono con las cosas, con la musicalidad austera y seria de la liturgia que todos los norteños, agnósticos, ateos o católicos, escuchamos repetidas veces de chicos; con la sabiduría para contar de las madres y las abuelas, a la que aspiro. Necesito aclarar, también, en cuanto a la ligazón que comento entre la poesía y lo inquietante, que no creo que sea asunto de vates con sensores especiales para lo extraño: uno habla de experiencias que cualquiera puede vivir, aunque no sienta la necesidad de articularlas en lenguaje. Pero por ello no me coloco en la postura romántica de que la poesía está en al aire y pasa a las palabras sin problema: es necesaria una habilidad constructiva ya sea para mimar el lenguaje coloquial o elaborar uno propio. Es común el dicho de que los escritores noveles acudimos a la poesía por mero facilismo, pero yo veo todo lo contrario en bastantes casos.

¿Cuáles son las fuentes con que alimentás tus poemas?

Creo que se entroncan con los motivos que me llevaron a escribir poesía explicados en la respuesta anterior, esa sensibilidad infantil impresionable ante ciertos aspectos de la sociedad donde nací: el roce abisal entre las clases sociales, la seriedad señorial, el barroquismo del paisaje, la mirada doble hacia Buenos Aires y hacia un pasado mudo que insiste en hablar,

 Veo en Rosario una vitalidad avasalladora manifestada en una multiplicidad de fenómenos […]

En Salta lo veo diferente

  el folletín familiar, la comunicación con el otro… Pero también está la relación con la música, con otras artes. Muchas veces he escrito bajo el influjo de una melodía, de una pintura o de una película que me sugestionara, o a partir de una simple conversación. En ese sentido, el límite de las fuentes es el límite del gusto, que puede crecer o acotarse.

¿Tu poesía se basa en lo cotidiano y/o los mundos interiores?

Si se llama cotidianeidad a la superficie de los objetos y mundo interior a lo que pensamos y sentimos en cuanto a ellos creo que podemos hallarnos ante una falsa dicotomía. Cuántas veces los mundos interiores no son más que un museo de clichés, aburridas verdades consabidas, y cuántas otras la exterioridad de lo cotidiano está transfigurada por una sensibilidad potente, como el paisaje alucinante de Juanele Ortiz o las rosas de Rilke. Incluso escrituras que por norma se ciñen a lo objetual y conversacional (como la de mi colega rosarino Bernardo Orge) despliegan por medio de recursos no tradicionales una sensibilidad que las aparta de ser meras actas del estado del mundo. Una poesía que se relaciona de forma acrítica con su objeto peca de inocencia. Ahora, en cuanto a mis poemas, sí es cierto que se alimentaron de mis lecturas del simbolismo, del romanticismo alemán, de Whitman, etc. y que por ello retóricamente pueden asociarse a una tradición de lo “interior”.

¿Qué rasgos la caracterizan?

Prefiero dejar la posibilidad de notarlos a mis posible lectores, jeje. Brevemente podría hablar de predominio conceptual, intento de lirismo, oscuridad inintencional, formalismo y otras enfermedades.

 No hay inocencia posible, y creer en ella es tan banal como la forma y el contenido de una tradición que empieza a repetir fantasmagóricamente su gesto ¿Alguien piensa que realmente Cecilia Pavón y Fernanda Laguna no usaron máscaras hábilmente construidas para convertirse en chicas pop?”

¿Cuáles son las temáticas más repetidas que aborda tu poesía?

Bueno, creo que el tiempo es la preocupación esencial de mi poemario inédito (y único además de un vergonzoso intento adolescente). El tiempo en todas sus formas: cronológico, sensible, mítico, eterno, habitado por fantasmas. Insisto, también, en una imaginería de infancia, de duplicaciones, estanques, sueños, vegetación y materiales nobles y residuales. Lo invisible y las desapariciones son otro interés.

¿Qué poetas nacionales y extranjeros son de tu preferencia? ¿En qué sentís que te han influenciado o qué aprendiste de ellos/as?

Creo que la mayoría de las lecturas que hago me influencian, ya sea para alejarme o acercarme a sus modos, pero me limito, como pide la pregunta, a los preferidos. Eso sí, todos conviven como amigos íntimos dentro mío, sin demasiada consideración de las diferencias geográficas o temporales. De los antiguos, me gusta la solemnidad de Homero, Sófocles y Píndaro. Me gustan la sensualidad de Safo, de Catulo y el intelectualismo de Lucrecio. Me impactaron mucho Borges, Orozco, Pizarnik, Whitman, Baudelaire, César Vallejo, Dulce María Loynaz, Juanele Ortiz, Viel Temperley, Sor Juana, San Juan, Blake, Donne, Dante, Girri, Julián del Casal… pero también la tradición alemana: Hölderlin, Novalis, Rilke, Hofmannsthal, George,Trakl… En la actualidad, tanto por la lectura de sus obras como por la sabiduría transmitida en experiencias compartidas, resalto a Liliana Bellone y sus novelas líricas y a Héctor Piccoli. Tanto en Salta como en Rosario, los ambientes que conozco, producen poetas talentosos como Antonio Gutiérrez,  Idángel  Betancourt, Marina Maggi, Pablo Serr, Bernardo Orge, Tomás Sufotinsky, etc. Seguramente no les estoy haciendo justicia a unos cuantos nombres más, que olvido en este momento.

¿Cómo ves al movimiento poético actualmente en tu ciudad?

La pregunta me resulta problemática porque pese a haber crecido en Salta, hace seis años que vivo en Rosario, donde no participo tan activamente como muchas otras personas en el circuito poético.  Sin embargo, asisto con cierta frecuencia a recitales de poetas que me interesan, a festivales como el famoso Festival  Internacional de Poesía de Rosario, o a otro tipo de actividades como talleres literarios y específicamente poéticos dictados por amigos. Veo en Rosario una vitalidad avasalladora manifestada en una multiplicidad de fenómenos: los festivales como el ya mencionado, las editoriales autogestionadas por jóvenes, las revistas y plaquettes, tertulias de todo tipo, el interés del público lector por lo clásico y lo nuevo, los bares que laburan admirablemente en gestión cultural, como el querido Bienvenida Cassandra, de Maia Morosano. Penosamente, el año pasado muchos de estos espacios fueron clausurados debido a una política que parece contemplar como opciones de la noche rosarina exclusivamente a boliches y bares no culturales, con consumidores que no suelen coincidir con quienes frecuentan la movida artística.  Sin embargo, el problema dejó en claro la fuerza con que se mueve la creatividad en la ciudad. En Salta lo veo diferente: hasta hace poco no había un impulso joven que rigiera la movida, pero parece estar cambiando.

“Muchos  espacios culturales fueron clausurados debido a una política que parece contemplar como opciones de la noche rosarina exclusivamente a boliches y bares no culturales. El problema dejó en claro la fuerza con que se mueve la creatividad en la ciudad”

En cuanto a los criterios estéticos de la actualidad, no siempre coincido con ellos, pero admiro la riqueza, la confrontación dialéctica que se hace posible a través de la diferencia. Por supuesto que de todo el torbellino una parte será hojarasca y otra permanecerá, pero sin el impulso que hoy se palpa no serían posibles ni la una ni la otra.

¿Qué opinión te merece lo que proponía el poeta Osvaldo Lamborghini: “Primero publicar, después escribir”?

No sé si Lamborghini profería tanto una recomendación como un reconocimiento de un estado posmoderno de escritura. Es su famoso “decir mal”, su búsqueda intencional de lo anti-literario, lo anti-poético, logrado a través de una prosa cortada que violenta los rasgos clásicos de la poesía: la rima, el ritmo, la belleza ideal que desde Baudelaire e incluso antes viene siendo impugnada. Yo, que no coincido, prefiero leer un reconocimiento más que una máxima. Entiendo que los modernos soportes textuales, especialmente los electrónicos, y la posibilidad de la autoedición y otras formas de fragmentación de la experiencia cultural permiten la construcción de una obra incompleta e interactiva que acciona el deseo y su fluir sin límites. Incluso comprendiendo esto, no adscribo: me declaro anticuado.  En mi experiencia vital esquivo el imperativo del exceso cuanto puedo, y pienso que una escritura poética ceñida a reglas amplifica y no encierra sus posibilidades.  Lamborghini escribió con lucidez en contra de una tradición, de una manera crítica, pero veo que actualmente en algunos casos el imperativo de publicar antes de escribir es seguido de una forma acrítica. No hay inocencia posible, y creer en ella es tan banal como la forma y el contenido de una tradición que empieza a repetir fantasmagóricamente su gesto ¿Alguien piensa que realmente Cecilia Pavón y Fernanda Laguna no usaron máscaras hábilmente construidas para convertirse en chicas pop? Como dije antes, soy anticuado, quizás anacrónico, pero en mi cabeza Píndaro produjo poesía en la generación inmediatamente anterior.

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hernandez-aparicio-santiagoNació en Salta en 1990. Actualmente está finalizando sus estudios de letras en la Universidad Nacional de Rosario. Presentó ponencias en congresos sobre literatura antigua y contemporánea. Sus poemas y traducciones (Keats, Barrett, Auden, etc.) se difundieron en revistas literarias y culturales locales de Rosario (“El Imperio y la Libélula”, “Revista internacional de poesía Poesía de Rosario”) y Salta (“Punto uno”, “resQUICIOS”). En 2006 publicó en Salta una plaqueta poética con sus primeros escritos por Ediciones Retorno, y tiene un libro de poesía inédito.

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Una respuesta a “ENTREVISTA A SANTIAGO HERNÁNDEZ APARICIO (SALTA)

  1. Querido Santiago que alegria saber de los logros obtenidos en tus estudios. Te felicito y te deseo toda la suerte del mundo. Se que el destino no se equivoca cuando traza el camino de nuestras vidas. Recuerdo aquel niño de primer grado: timido, temeroso y muy dedicado al interes por la lecto-escritura, pero con una enorme fortaleza y valentia. Hoy se anima a dar riendas sueltas a sus emociones y a sus sentimientos mas profundos, que deja cabalgar su imaginacion y sus experiencias de vida en los versos mas hermosos.
    No hay huella mas profunda para el hombre, que no sea las que el mismo las camina, ni historia mejor contada, que el no la haya escrito.
    Exito y que la poesia sea tu armadura mas valiosa.
    Besos la señorita Amelia….

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